Polestar pierde la homologación estadounidense a partir del año modelo 2027
Polestar se enfrenta a un cambio drástico en Estados Unidos: a partir del año modelo 2027, la marca ya no podrá vender vehículos. Según la propia empresa, la autoridad competente todavía no ha ofrecido una explicación clara de por qué se le ha denegado la homologación. Para Polestar, esto supondría en la práctica retirarse de uno de los mercados automovilísticos más importantes del mundo.
Un dato importante para quienes viven en la región DACH —Alemania, Austria y Suiza—: la decisión afecta al mercado estadounidense y está relacionada con las normas de Estados Unidos para vehículos conectados. En Europa se aplican otras condiciones, aunque la experiencia demuestra que las tendencias geopolíticas y regulatorias suelen influirse mutuamente.
Connected Vehicle Rule: el software y la telemática, en el punto de mira
El detonante es una normativa estadounidense conocida habitualmente como Connected Vehicle Rule, o norma sobre vehículos conectados. Su objetivo es mantener fuera del mercado los vehículos cuyo hardware o software presente determinados vínculos con países considerados «adversarios extranjeros», como China o Rusia. La razón son las preocupaciones en materia de seguridad: los vehículos conectados transmiten datos y utilizan sistemas telemáticos y de asistencia a la conducción, y es precisamente ahí donde las autoridades estadounidenses ven un riesgo potencial.
Por tanto, la cuestión principal no es tanto la tecnología automovilística clásica, como el chasis o la batería, sino la capa digital: unidades de control, módulos de comunicación, conexiones con la nube y arquitecturas de software. En los vehículos eléctricos modernos, todo ello constituye una parte esencial del producto, ya que sirve de base para las actualizaciones inalámbricas, los sistemas de asistencia y las funciones de las aplicaciones.
Por qué Volvo puede continuar, pero Polestar no
El argumento de Polestar resulta especialmente polémico: el Polestar 3 se considera estrechamente relacionado con el Volvo EX90, y ambos se fabricarían incluso en la misma línea de producción en Estados Unidos. Polestar también señala que los vehículos utilizan una base de software muy similar. Pese a ello, Volvo habría recibido una autorización especial, mientras que Polestar no.
Esto no tiene por qué ser necesariamente una contradicción, ya que las autorizaciones pueden depender de requisitos específicos difíciles de evaluar desde fuera, como las cadenas de suministro, la documentación aportada por los proveedores, el origen concreto de los módulos o las posibilidades contractuales de acceder a los flujos de datos. Sin embargo, Polestar afirma que hasta ahora no se le han comunicado estos motivos de forma transparente.
Sin recurso y con una mayor atención a Europa
Resulta llamativo que, por el momento, Polestar no haya recurrido la decisión. En su lugar, la empresa quiere centrarse más en Europa, que representa gran parte de sus ventas actuales. Desde un punto de vista estratégico, es comprensible: un procedimiento prolongado en Estados Unidos cuesta tiempo y dinero, y su resultado es incierto.
Para Europa, la noticia tiene una doble lectura: por una parte, Polestar podría concentrar aquí más recursos y esfuerzos de comercialización. Por otra, el caso demuestra la rapidez con la que la regulación de los sistemas conectados puede transformar mercados enteros, una cuestión que probablemente también cobrará más importancia en la UE.
Demanda de un concesionario en Estados Unidos: disputa por la retirada
A esto se suma la presión de la red comercial: un concesionario de Polestar en Estados Unidos ha presentado una demanda en la que afirma que la empresa llevaba tiempo planeando retirarse y que utiliza la decisión de las autoridades como justificación. La cuestión central es si se respetaron los plazos y las normas de protección aplicables a los socios franquiciados.
Este tipo de conflictos no es inusual en Estados Unidos, ya que allí los derechos de los concesionarios cuentan en algunos casos con una fuerte protección legal. Para la marca, sin embargo, esto significa que, aunque las ventas en Estados Unidos vayan a terminar de todos modos, las consecuencias judiciales pueden resultar costosas y perjudiciales para su imagen.
Qué significa esto en la práctica para los aficionados a los coches eléctricos en la región DACH
Para los compradores de Alemania, Austria y Suiza, la disponibilidad en Europa no cambiará a corto plazo. No obstante, el caso es un buen indicador de hasta qué punto el sector depende ya del cumplimiento normativo del software y de la acreditación del origen de los componentes. Hoy, el hardware solo representa la mitad de la ecuación; el resto es infraestructura digital.
Quien quiera comprender mejor la «arquitectura de software y la regulación» también encontrará paralelismos interesantes con cuestiones de carga y plataformas en el contexto de los vehículos eléctricos modernos, por ejemplo en 800 voltios frente a 400 voltios, donde las decisiones técnicas influyen de manera muy directa en el uso diario, desde el tiempo de carga hasta la gestión térmica.
Conclusión breve
El problema de Polestar en Estados Unidos no está tanto en el producto como en el software y el cumplimiento normativo, y eso es precisamente lo que hace que resulte tan difícil de concretar y pueda tener consecuencias tan importantes.
Sigue sin estar claro si Polestar acabará recibiendo una explicación o encontrando una solución. Lo evidente es que los vehículos conectados se regulan cada vez más como sistemas digitales, lo que convierte la cadena de suministro, la arquitectura de software y los flujos de datos en requisitos para acceder a los mercados. Para los fabricantes con estructuras empresariales internacionales, como las habituales en el entorno de Geely, esto puede convertirse rápidamente en un verdadero punto de inflexión estratégico.



